La Procesionaria

La semana pasaba yo paseaba por el parque municipal de Picaña (a mi me encanta este parque tan bonito) y me llamó la atención las orugas, ligadas entre sí en una cadena, que cruzaban lentamente el carril bici. Esta “cadena” contenía decenas de individuos quienes sin prisa iban a su último “viaje”, en búsqueda del lugar donde podrían enterrarse en el suelo, realizando ahí su función vital-metamorfosis y pasar de la fase de larva a la fase de pupa.

Esta especie de orugas son larvas de la especie Procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) del orden lepidóptero. El insecto habita en los parques o bosques de pinos, pero se encuentra también en cedros y abetos.

El ciclo de vida de estos animalitos es largo. En verano los adultos, que tienen el aspecto de una mariposa de color gris, se aparean y la hembra pone los huevos sobre las copas de los árboles en forma de espiral. En un mes los huevos eclosionan y salen las orugas. Las orugas pasan por cinco estadios larvarios, entre hermanos de la misma puesta se establece relaciones y cooperan entre sí (siempre viven en el mismo árbol y participan juntos en la formación de bolsones). Esta especie pasa el invierno en el estadio larvario también (a partir del tercer estadio las orugas hacen en los árboles unos bolsones donde sobreviven durante el invierno)  y cuando viene el quinto y último estadio larvario bajan de los árboles al suelo, realizando esta procesión característica en filas, buscan el sitio para hacer la metamorfosis en  pupas. Esta actividad tiene lugar entre el final del invierno y principio de la primavera, entre febrero y abril. Para esto tienen que enterrarse. Esta misma procesión ya la he visto en el parque de Picaña.

Los adultos tienen el aspecto de la polilla, la vida es muy corta de 2 a 3 días, y la única función de los adultos es aparearse y dejar la descendencia. Las hembras atraen a los machos mediante la feromona, ponen los huevos y se mueren.

Las orugas están cubiertas de pelos que desprendan y flotan en el aire y son peligrosos. Si entran en contacto con la mucosa de las personas u otros mamíferos, pueden provocar irritaciones en oídos, nariz, garganta (por inhalación). El veneno, oculto en los finos pelos de las orugas, por inhalación puede provocar desde urticarias hasta reacciones alérgicas graves. Los niños pequeños son más vulnerables  porque ellos son quienes “suelen tocarlos para entender los que son”. La sustancia que le confiere a esta capacidad urticante es una toxina denominada Thaumatopina.

Las últimas noticias indican que los científicos han detectado el aumento del número de las orugas de procesión que está relacionado con el aumento generalizado de las temperaturas y los cambios climáticos. Las más elevadas temperaturas del invierno hacen que las orugas empiecen su actividad antes, ya en invierno, cuando normalmente tendrían que estar inactivas.

Estas orugas no son solamente peligrosas para las personas sino también para los animales de compañía. Los perros y gatos, al comérselos en la calle,  “sufren una necrosis en la garganta y en la lengua”.

Los veterinarios detectan hasta casos mortales en mascotas después de tocar las orugas.  Si la toxina entra en contacto con los ojos o la mucosa del animal, este sufre picor o tiene la sensación de la quemazón; por esto es recomendable que los animales eviten el contacto con las orugas y, en caso de tenerlo, acudir rápidamente al veterinario.

Al mismo tiempo la oruga de procesión está considerada como la plaga de los pinos por debilitarlos. Los pinos pierden las acículas de la copa por la voracidad de estos insectos; los pinos jóvenes pueden terminar muriendo.

En esta situación de alarma, tenemos que aumentar el control físico y químico de las orugas de procesión, pero es conveniente que la elección del método para la eliminación, se realice de forma que ocasione el menor impacto posible sobre el medio ambiente.

En conclusión podemos resumir, que el cambio climático afecta a la naturaleza y el ciclo de vida de muchos seres vivos que están obligados a realizar sus funciones vitales de forma anormal y en tiempos no apropiados. Las temperaturas elevadas del invierno, los contaminantes y la actividad humana incontrolada tienen sus efectos negativos sobre la naturaleza que, a la vez, hace impacto sobre el mismo ser humano.

Bióloga de Todoplagas: Mariam Ramazanova